Salíamos de Madrid hace incontables horas, cargados de ilusión y vistiendo nuestros polos verdes de la expedición. Tras 12 de horas de películas, comida y mucho sueño, por fin llegábamos a Santiago de Chile. Somos 17 expedicionarios, 17 personajes a los que poco a poco iré describiendo.
Samy, el egipcio, es un profesor invitado y de momento, un poco más pobre que el resto. Al llegar a Santiago debíamos declarar cualquier cosa animal o vegetal que pudiésemos llevar en nuestro equipaje, para evitar entrar enfermedades en el país, entre otras cosas. Yo declaré un paquete de galletas Príncipe, él se olvidó de declarar dos manzanas. Precio total de la multa, 300 dólares. Ouch. Las manzanas más caras de la historia.
Un tour en autobús nos enseñó lo más emblemático de la ciudad. Un tour que yo no disfruté, porque no nos permitió más que verlo todo de pasada y sacar fotos tras el vidrio de “salida de emergencia” del autocar. Paramos a comer en un lugar adorable, un mercado de artesanía y comida típica donde comimos unos sanwitches deliciosos. Las Martas, a quienes tengo a mi lado, tomaron empanadas de piñón, algo también típico.
Vuelta al aeropuerto y vuelo hacia Valdívia con parada en Osorno.
El trayecto del aeropuerto de Valdívia a las cabañas de Puerto Pelicano se hizo eterno. Todos necesitábamos llegar con urgencia, tras 30 horas de viaje, olores a compañerismo, amistades recién empezadas, equipaje pesado, sueño, cansancio y ganas de ver dónde íbamos a vivir.
No podíamos esperar que el lugar fuese tan maravilloso.
Puesta de sol del lago en Puerto Pelícano
Una mezcla de Stirling, Bosnia, Suiza…precioso y encima verano. El sol me ilumina la cara mientras escribo y les digo a las Martas: “este sol me da la vida”. Y me la da. Y este lugar me da paz.
Se trata de cabañas para cinco personas, una cama de matrimonio, una litera y una individual. Un porche maravilloso des del que vemos el lago, que se ha levantado cubierto de niebla y cuya puesta de sol quita el hipo.
Anoche cenamos pavo relleno de espinacas, patatas cocidas y una ensalada de pimientos que no me atreví a tocar. Sin comentarios…
Y hoy nos espera un día cargadito. Seguidnos en www.tahina-can.comLinks de interés:
Tahina Can
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