La maleta de mano que he arrastrado por media europa en los últimos dos meses ya está en el altillo del armario. He sacado a pasear los bolsos grandes, las botas altas, el paraguas. Toca ponerse a trabajar, ha llegado el otoño.No puedo quejarme, y procuro no hacerlo. Pero ha llegado un momento que toca hacer aquello que tantos españoles (y no solo españoles) odiamos: levantarme pronto.

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