Viajo todo lo que puedo pero siempre es menos de lo que me gustaría. Pero siempre vuelvo a mi hogar, a Cataluña y a Sant Pere de Ribes. La Diada, el día de Cataluña, siempre me da la oportunidad de reflexionar sobre mi tierra y gritar a los cuatro vientos lo bonita que es.
Carta abierta a mi tierra
Yo nací en el Mediterráneo, como diría Serrat, y ese sentimiento de atracción por el mar no se puede explicar con palabras. Las personas que hemos nacido junto al mar sentimos una necesidad incoherente de estar cerca de él y, aunque no lo veamos a menudo, siempre sabemos que está ahí, que podemos escaparnos a dar un paseo por la playa cuando queramos, que estamos a cinco minutos en coche de un mojito con las mejores vistas del mundo.
 
La playa de Sitges
 
Cataluña es la tierra de acogida de mis abuelos y de mis padres. A ellos les debo mis raíces de sangre y las que me han regalado por escoger un sitio tan bonito en el que vivir. Y a Cataluña le doy las gracias por haberles acogido, al principio seguro que con recelo, y después con todo el amor que puede ofrecer un lugar tan cosmopolita. A mi de Cataluña me enamora todo menos el pa amb tomàquet 😉
El Prat de Llobregat fue mi casa durante poco tiempo, pero ha sido el hogar de mi familia y es ese lugar al que siempre quieren volver. Todos tenemos uno, ¿lo veis?
Siempre que me preguntan donde nací, digo que soy “de Barcelona. Bueno, de Barcelona Barcelona no, de un pueblo: Sant Pere de Ribes, al lado de Sitges“. Lo digo orgullosa, porque Sant Pere de Ribes tiene un carácter muy suyo, con una identidad muy definida y un encanto que te absorbe y te atrapa. Pero entrando en detalle, lo cierto es que yo soy un poco de todas partes: un poco de Sant Pere de Ribes, un poco del Prat de Llobregat, un poco de Córdoba y de Sevilla. Y un poco de todos los lugares en los que he estado. Y esto también lo cuento muy orgullosa.
Siempre que viene algún amigo de fuera, le llevo a conocer el Carrer del Pi, con su pino ladeado, le llevo a la Plaça de la Font, a la Plaça Marcer a tomar un helado en la Jijonenca, a conocer las casas de los Americanos, que son el orgullo arquitectónico del pueblo, les enseño Can puig, que durante tantos años fue un (mi) instituto, y le llevo al Castell de Ribes. Y todos se sorprenden con la majestuosidad de la iglesia, con lo alta y bonita que es.
Un momento muy mediterráneo frente a la Iglesia de Sant Pere de Ribes
Me encanta levantarme los sábados sin nada que hacer e ir a desayunar a la plaza, o ir directamente a hacer el vermut. Dormir la siesta e ir a dar un paseo a Sitges, quedarme a tomar unas bravas y una cervecita en El Cable. Son pequeñas cosas que me hacen sentir en casa, volver a mi mundo. 
 
No sé como se vivirán las fiestas de pueblo en tu pueblo, pero en Sant Pere de Ribes solo se pueden definir con dos palabras: pasión y entrega. Todos y todas salen a la calle a disfrutarlas, a vivirlas y a participar de ellas de un modo u otro.
A estas alturas quizá os esperabais algún comentario político. Siento decir que no, que este no es el lugar para encontrarlo, que yo hablo de pasión y viajes, de destinos y rincones, no de banderas y fronteras. De eso ya hablan otros.
Y no existe una pasión similar a la que uno siente por su tierra, por su gente. Por eso dará igual cuantos viajes haga o dónde viva, mi mente y mi corazón siempre sueñan con la próxima vez que te vuelva a ver, Cataluña. 
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