“Volver a una ciudad es como leer un libro por segunda vez”. Esta frase ya os la dije cuando visité Belgrado hace un par de años y con Asturias me pasa algo similar, y siempre que voy descubro un nuevo detalle que me hace enamorarme aun más de esa tierra.
Y es que cuando llegas a Covadonga te preguntas cómo puede ser que hayas tardado tanto en ir a un lugar tan maravilloso. Desde el pequeño pueblo de Cangas de Onís se tardan unos 10 minutos en llegar al complejo formado por la Basílica y la cueva, que se encuentran ya dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa.
 
 
En lo alto de una montaña vemos la Basílica de Santa María la Real de Covadonga que, sobretodo si hace buen día, es aun más bonita.La basílica data de finales del siglo XVIII y está toda construida en piedra caliza rosa, lo que la diferencia de otras muchas catedrales. Esta, aun en los días grises típicos asturianos, brilla con luz propia.
En esa misma plaza se encuentra la estatua en honor al Rey Pelayo, que inició la reconquista de España y cuya figura es también uno de los emblemas de Asturias. En esta plaza también está ubicado el museo del Real Sitio de Covadonga (5€) y la Casa Capitular.
Imitando (o intentándolo) la postura del Rey Pelayo
La Santina, objeto de culto y de robos
Pero si hay algo en este complejo religioso que atrae todas las miradas y gran parte de las visitas es la Santa Cueva. En los días que hace buen tiempo se forman colas larguísimas para poder ver, aunque solo sea un instante, a la Virgen de Covadonga. 
La primera construcción de esta cueva data del siglo XII, cuando reinó Alfonso I de Asturias, que mandó construir una capilla para rememorar la victoria del Rey Pelayo ante los Musulmanes. La primera cueva estaba recubierta de madera y un incendio destruyó la talla original de la Virgen, sus joyas y vestiduras.
La Santa Cueva y, a la derecha, la Santina
Según dicen, en esta cueva podrían haberse refugiado don Pelayo y sus hombres durante la Batalla de Covadonga. No es de extrañar entonces que el rey Alfonso X el Sabio mandara trasladar los restos mortales del rey a la cueva, para así darle más importancia al lugar.
La Santina actual data del siglo XVI y fue donada al Santuario en 1778. No obstante, durante la guerra civil fue robada y se encontró en la embajada de España en Francia en 1939. La cueva que conocemos hoy en día es de los años 40.
La cueva desde abajo
Bajo la cueva hay una cascada y junto a ella se encuentra la famosa Fuente de los Siete Caños. La poesía dice lo siguiente: “La Virgen de Covadonga tiene una fuente muy clara, la niña que de ella bebe, dentro del año se casa”. La imagen es de Abril de 2013, y a día de hoy todavía no me he casado, por si aun quedaban dudas 😉
Bebiendo de la fuente de los Siete Caños, un lugar donde quieras o no, acabas empapado de arriba a abajo.
El Santuario lo completa el Monasterio de San Pedro, un edificio situado junto a la cueva donde habita una comunidad de canónigos.  Es el edificio más antiguo del complejo, aunque su interior no se puede visitar.
Si el Santuario de Covadonga os parece tan bonito como a mi, esperad a que os hable de la zona de los lagos, que bien vale otro post.
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2 Comentarios

  1. Ja ja ja no sé por qué pero algo así me imaginaba, lo de beber en la fuente digo. Mira que he estado en Covadonga (cómo me gusta) pero no conocía la tradición… ¡Puxa Asturies! Un abrazo

    • jajajajaj la verdad es que si, es una de esas cosas curiosas y divertidas. Yo bebí, pero sigo soltera eh? 😀

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