Que todo salga perfecto en un viaje es, probablemente, imposible. Siempre hay contratiempos, retrasos, cancelaciones, y mil historias que pocas veces dependen de nosotros.
Nuestro viaje al desierto empieza así, sin ser el viaje más perfecto del mundo, pero con una sonrisa:)
Alquilamos un paquete de 3 días y 2 noches con Sahara Expedition, una de las agencias que hay en Marrakesh y que nos pareció medianamente seria y económica. No nos asaltaron en la calle con precios de chollo, y tampoco era un precio exagerado. Nuestra intuición nos decía desde un principio que hubiese sido mejor pagar un poco más, que seguro que el servicio era algo mejor, pero estaba todo reservado y no nos quedaba otra que hacerlo con Sahara Expedition.
Nos citaron el jueves a las 7 de la mañana, donde se suponía que vendría a buscarnos un mini autobús para hacer varias paradas por el camino y pasar la noche en Gorges du Dades. En vez de un mini bus, apareció una furgoneta, y en vez de a las 7 salimos a las 8.
Nuestra furgoneta. Nueva por fuera, tartana por dentro.
Nada más salir, paramos a echar gasolina, paramos a reparar una rueda, y con eso, ya íbamos dos horas tarde. Solo queda añadir que nuestro conductor solo hablaba francés y árabe, y tampoco se esforzaba mucho por comunicarse con nosotros en uno u otro idioma.
Suponemos que debido al retraso, todas las paradas que teníamos que hacer, quedaron reducidas a una, Ait-benhaddou, y a muchas mini-paradas para hacer fotos de lugares de los que no sabíamos ni el nombre. El conductor paraba la furgoneta, la abría y salíamos como ganado, hacíamos una foto y volvíamos a subir.
No nos sirvió de mucho tampoco intentar comunicarnos con él en nuestro francés de instituto de hace 10 años para que encendiera el aire acondicionado. Subía los hombros con un gesto de no entendernos, y con eso se quedaba tan ancho. A 35 grados a la sombra y sin aire acondicionado. Bien. 
En Ait-binhaddou hicimos la gran parada del día. Apareció nuestro guía y empezó a hablarnos de la ciudad. Un guía que nos dio todos los detalles, contestó a todas las preguntas en inglés y en español, y nos contó que debíamos pagar 30 DH (unos 3 euros) por persona por la tasa de la UNESCO. Le pagamos entre dudas, porque allí no había ni tickets, ni entrada, ni salida, ni alguien oficial pidiéndonos el dinero. Efectivamente, esos 30DH se los metió en la bolsillo como una propinilla extra.
A mi derecha, medio de espaldas, nuestro guía-estafador. En Ait-benhaddou.
Luego además averiguaríamos que ni siquiera tenía que hacernos de guía, que el que tenía que hacernos de guía era el conductor, y asumimos que éste delegaba en su colega políglota y se repartían las ganancias.
Al finalizar el tour, que quitando el timo de la UNESCO nos gustó mucho, nos llevaron a comer al típico restaurante turístico con precios europeos del que salimos huyendo y acabamos en el “Snack les amís”. Un acierto.
Un bocadillo para seguir la ruta

 

El Snack bar Les amis
De compañeros de tour teníamos a tres sur-coreanos y a dos holandeses que también empezaban a estar hasta el moño de nuestro primer día de tour. La guinda del pastel la puso el conductor al parar en un supermercado, dejarnos encerrados en la parte de atrás del coche bajo un sol infernal, y volver cargado de cervezas. Cervezas que por cierto nosotros no hemos visto más.
Llegamos al albergue en Georges du Dades a la caída del sol. Descansamos, cenamos y nos fuimos a dormir esperando un segundo mejor día de esta experiencia en el desierto.
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