Carlota Miranda, ingeniera industrial, ha vivido en Marruecos durante un año. Carlota llevaba 4 meses trabajando de au-pair en Londres y buscando trabajo como ingeniera cuando decidió dejarlo e irse a vivir a Marruecos. Llegó a la conclusión de que no era eso lo que quería por lo que decidió cambiarlo. Y asegura que fue una de las mejores decisiones que ha tomado en la vida.
Ojalá supiéramos reír como en Marruecos saben llorar
Carlota en Rabat, junto a la torre de Hassan II
Paseando por las calles de Salé

“Me voy a vivir a Marruecos”. Cuando les dijiste eso a tu familia y amigos, ¿cuál fue su reacción?

En mi casa la noticia sentó como un jarro de agua fría y se recibió con miedo, enfado y preocupación.
No lo entendían, no lo compartían y, a pesar de que ya había viajado al país vecino en varias ocasiones, les daba miedo que me fuera a pasar algo. Una de sus máximas preocupaciones era que me obligaran a ponerme un pañuelo… El desconocimiento era total y es que en mi casa, igual que en la mayoría de las casas españolas, la imagen de Marruecos es muy negativa. Se saben muy pocas cosas y la mayoría de las que se saben, se saben mal. Por eso nunca llegaron a aceptar demasiado bien mi decisión.
Entre mis amigos, en cambio, sólo hubo muestras de cariño, de apoyo, orgullo y de alegría. Supongo que esa preocupación característica de una familia no existe entre amigos que se conocen bien, que han compartido experiencias y que saben lo que hay.
¿Por qué Marruecos? ¿Y por qué Rabat en concreto?
Dos años antes de tomar mi decisión había viajado por primera vez a Marruecos con un par de amigas. Sólo teníamos billete de ida a Fez y de vuelta desde Marrakech y, durante 12 días, viajamos sin guías, sin planes, sin horarios. Sin prejuicios, sin desconfianza. Pero con sentido común. Conviviendo con marroquís y disfrutando de todo aquello que un país así puede ofrecer. Marruecos te da todo lo que el tiempo te roba y, después de ese viaje, me dejé el corazón allí. Repetí destino hasta en 5 ocasiones, la última de ellas durante casi un mes, y sentí que debía volver al lugar en el que había sido tan feliz y en el que había aprendido tanto.
Un “jump” frente a la mezquita de Hassan II en Casablanca
Antes de vivir allí, no había visitado nunca la ciudad de Rabat. En mi caso, fue la ciudad la que me eligió a mí y no al contrario. Estando en Londres me puse en contacto con una familia marroquí que vivía allí y que estaba buscando a una chica española para trabajar con ellos. Coincidió que era en la capital, en Rabat, una ciudad más fácil  que otras cuando eres extranjero. Pero me hubiera ido igualmente a cualquier otra ciudad.
¿Qué te faltaba en Londres que creías que te iba a dar Marruecos? ¿Te lo acabó dando?
Todo. Me faltaba alegría, vida, espontaneidad, paz, humildad, cariño, sensatez, modestia, hospitalidad, amabilidad, respeto, tradición, magia, sencillez, calidad de vida, etc. Me faltaba todo lo que buscaba. En Londres no era yo, no era capaz de actuar de forma natural. No dejaba de pensar en el lugar en el que había sentido todo aquello que en Inglaterra echaba de menos. Volví y encontré, una vez más, lo que Marruecos siempre me ha dado.
Desde la azotea de una típica casa marroquí en Assilah
¿Cómo fue tu adaptación al país? ¿Es realmente un país tan diferente a España?
Nunca he tenido ningún problema para adaptarme al país, ni cuando lo he visitado durante varios días o semanas, ni cuando he vivido allí. Si viajas con la mente abierta, sabiendo a dónde vas y con respeto y sentido común, las dificultades prácticamente no existen. Probablemente a lo que más me ha costado acostumbrarme, si es que alguna vez he llegado a hacerlo, es al hecho de que en Marruecos no hay horarios, no hay planes fijos. Las agendas dan alergia y la palabra puntual creo que ni existe. Cuando sólo estás de paso resulta interesante, pero cuando vives allí, en ocasiones, pueda terminar por desesperarte.
Marruecos y España son primos hermanos, como se suele decir. Y los marroquíes y españoles, aunque muchos se nieguen a creerlo, tenemos demasiadas cosas en común, con cientos de años de historia compartida.
Puerta Chaouen: callejeando por la perla azul marroquí, Chefchaouen

 

En tu blog describes Marrakech como una mentira, como una ciudad que se aleja de la realidad de Marruecos. 
Quizá más que mentira hubiera sido más apropiado decir que no es verdad. Marrakech es una ciudad tremendamente turística, uno de los destinos por excelencia a nivel mundial. En pocos años la ciudad ha cambiado mucho y, de alguna forma, esa llegada masiva de extranjeros ha hecho que se pierda la esencia. Entiendo que, como primera toma de contacto, pueda ser una buena opción. Pero suele ocurrir que esa imagen de caos, agresividad y prepotencia es la primera y la última imagen que muchos se llevan de país y no es justo.
No es justo porque, como digo siempre, Marruecos es un país hospitalario, humilde, amable y honesto. Un país mágico, humano y cercano. Y si sólo conoces Marrakech la opinión que puedas tener de Marruecos está basada en una realidad que, de alguna forma, es mentira. Ya que es una realidad creada en torno al turista; una realidad inventada.
Plaza Jemaa el Fna en Marrakech
¿Te fue difícil encontrar trabajo en el país vecino?
Como decía, cuando llegué a Marruecos ya tenía trabajo. Desde Londres me puse en contacto con una familia marroquí que estaba buscando a una chica española para que enseñara español a sus hijos.  Una joven marroquí se encargaba durante casi 12 horas diarias, 6 días a la semana, de la cocina, la limpieza, de la colada… etc. y quería que sus hijos, que ya hablaban perfectamente inglés y francés, aprendieran español. A cambio de encargarme de eso y, ya de paso, hacer de niñera de vez en cuando, vivía con ellos y me pagaban cada mes.
Carlota en casa de su segunda familia, en Fez
Has convivido con Marroquíes durante mucho tiempo. ¿Qué aprendizaje te llevas de esta experiencia?
Son tantas las cosas que he aprendido que en 2011, cuando aún ni siquiera había vivido allí, escribí esta entrada sobre mi aprendizaje en Marruecos, y a día de hoy sigo actualizándola.
Marruecos sacude la vida de todo aquel que lo disfruta y lo vive con ganas de ser mejor persona y, probablemente, la frase que mejor puede resumir todo lo que este país me ha aportado es que ‘ojalá supiéramos reír como lloran en Marruecos.’
En Chellah, un antiguo complejo romano, medieval y necrópolis en las proximidades de Rabat

En tu blog has afirmado que españoles y marroquíes somos igual de gitanos. ¿Te has ganado muchas críticas por esta afirmación o la gente está de acuerdo contigo?
Esa es precisamente una de las afirmaciones que menos críticas han generado. Otras, como que el Islam bien entendido es inofensivo o que el machismo es una lacra muy difícil de eliminar debido a los millones de mujeres lo apoyan, lo defienden y lo fomentan, suele generar más debate.
Pero con la afirmación de que somos igual de gitanos que ellos, la mayoría está bastante de acuerdo. Basta con conocer la realidad y ser honesto con uno mismo para reconocer que es cierto. Que el carácter, las aficiones, las costumbres y la forma de vivir y entender la vida es bastante similar a ambos lados del Estrecho.
Pequeña frutería en la medina de Rabat
¿Te sentiste cómoda como mujer e inmigrante en Marruecos?
Al haber llegado a Marruecos con ‘todo hecho’ me ahorré los problemas que le pueden surgir a cualquier inmigrante que se instala en un nuevo país (encontrar casa, buscar trabajo, burocracia…) En ese sentido todo fue muy sencillo ya que lo único que tuve que hacer fue apuntarme una dirección y presentarme allí.
En Marruecos, igual que se hace en nuestro país, al inmigrante o extranjero que viene del norte se le trata con especial cariño. La percepción que la gente tenía de mí en ambos países era prácticamente contraria. Mientras que en Londres era una spaniard más, como dicen ellos, recién titulada, que va allí a hacer cualquier cosa por cuatro duros, en Marruecos era una chica de 23 años, con un título de Ingeniería, que había vivido en Londres y que había decidido marcharse sola a vivir a un país musulmán.  Una española que sabía inglés, entendía francés y tenía ilusión por seguir aprendiendo árabe marroquí.
En la mezquita de Salé
En Londres, en menos de 4 meses, me sentí incómoda en muchas más ocasiones que en cualquier ciudad de Marruecos. Me sentía incómoda al sentir que me trataban como en España hemos tratado siempre a rumanos, marroquís, sudamericanos. Me sentía incómoda al tratar con gente que habla un idioma que sé y que no hacía ni el más mínimo esfuerzo por hacerse entender. Me sentía incómoda al ver el consumismo llevado a extremos enfermos. Me sentía incómoda al ver a padres comprando a su niño de 5 años un nuevo Ipad porque su hermana de 12 años no le deja el suyo. Me sentía incómoda al ver a niños llorar por cosas insignificantes. Me sentía incómoda al ver niños en el parque, sentados en un banco, jugando cada uno con su maquinita sin mirarse. Me sentía incómoda siendo invisible entre millones de personas que sólo ven su ombligo…
En Marruecos, lo único que me ha hecho sentir incómoda son las miradas de algunos neanderthales.  No me molesta demasiado que la gente en Marruecos me mire por la calle, ya lo tengo asimilado; soy diferente a los demás, soy pelirroja, soy extranjera y es normal que miren. Pero hay una minoría muy pesada que, con sus miradas y sus gestos, puede llegar a intimidar y a hacerte sentir incómoda.

 

En el mausoleo de Mohamed V de Rabat
Finalmente, tras tu aventura en Marruecos, has vuelto a España. ¿Estás satisfecha con tu decisión?
Sí, hice lo que tenía que hacer en el momento que debí hacerlo y estoy muy orgullosa de ello. En la vida todo son etapas y, aunque me hubiera quedado en Marruecos todo el tiempo que hubiera hecho falta, sentía que aquella aventura, tal y como la estaba viviendo, había llegado a su fin. Volví a España con la intención de seguir formándome y me cogieron en dos empresas para trabajar como ingeniera. Al contrario de lo que me ocurría cuando estaba en Londres, al volver con las pilas más que cargadas, quería empezar a trabajar en algo relacionado con aquello para lo que había estudiado.
¿Volverás a Marruecos a vivir o te quedarás en España?
Actualmente estoy trabajando en una de esas dos empresas que quisieron contar conmigo así que, por el momento, me quedaré en España. Pero, en realidad, nunca me he ido de Marruecos. Tengo claro que, tarde o temprano, cuando la vida me dé la señal, volveré para quedarme.  Lo sentí nada más llegar en 2010 y es una ilusión que aún viaja conmigo: de Marruecos al cielo. Inchallah.
Una de las entradas principales a la medina de Salé
Si quieres saber más sobre las aventuras de Carlota en Marruecos, puedes consultar su blog “No es nada personal” y su página de Facebook. Todas las imágenes de este post han sido cedidas por Carlota Miranda.
Autor

20 Comentarios

    • Soy de México y amo mi país pero, sin duda Marruecos representa lo que muchos hemos olvidado por vivir en el gran capitalismo…la tranquilidad y la paz…No he visitado Marruecos pero con tu historia pareciera que la viví contigo…felicidades

  1. Me siento tan identificada contigo….hace cuatro años q no voy y me falta….todo eso q mencionas. Estuve yendo varios años en verano, a Kenitra, lugar para nada turistico y con muchisima esencia toda la q le falta a Marrakech. Humildad, alegría, paz, …como anecdota..el primer año me lleve mucho dinero para comprar muchas cosas!!!!! y sabes?? me compre solo una chilaba q al cambio fueron….3 euros! no tienes la necesidad de comprar, solo de embriagarte de su gente, sus calles, sus paisajes, su esencia!! lo echo mucho de menos!! pero hamdullah estuve alli, vi y conoci como es todo aquello e….Inchallah volveré!

  2. Lo siento, pero no estás dando la realidad de lo que es Marruecos para el inmigrante europeo. Para ellos somos los ricos a los que poder sacar algo de dinero y no tienen hacia nosotros ese sentimiento tan idealista y benévolo que nosotros llevamos.

  3. Buenas tardes Carla! Como conseguite encontrar este trabajo? Me interesaria hacer algo así en Marruecos también!

    • Hola Anónimo,
      como puedes ver, esta es una entrevista que le hice a Carlota Miranda. Le pediré que te conteste por aquí 😉

      Un saludo,
      Carla

  4. Excelente entrevista, estoy preparando un viaje a Marruecos y esto era justo lo que necesitaba leer para extender mi estadía unos días más y conocer mejor esta interesante cultura.

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  6. No suelo leer ni comentar en blogs desde hace mucho tiempo, pero he encontrado tu historia por casualidad buscando info sobre Rabat (llevo algun tiempo queriendo pedir una beca al ministerio de exteriores y teniendo dudas sobre el posible destino) y me has clarificado bastante la respuesta (es muy probable que finalmente sea Marruecos o Rusia).

    Muchas gracias por escribir con tanta sinceridad y desde la humildad más absoluta,

    Saludos de otra pelirroja/viajante jajaja

  7. Hola Carlota,

    Me ha gustado mucho tu blog.

    Pero yo tengo una visión mas realista de ese país. Ya que estoy casada con un marroquí y de vez en cuando bajamos a marruecos.

    El 90% de uso y disfrute del país son de hombres(terrazas, lugares de ocio) si te sientas en un bar se te quedan mirando quieriendote intimidar, ya que la mirada es de enfado.
    La mujer es la chacha de la casa.
    Y en trabajos de supermercado, cualquier negocio son hombres.
    Díficil ver a una mujer.. ya que la acosarían.
    Ellos visten como europeos y la mujer tapada.
    Las mujered ríen y hacen la pelota al hombre.. mientras que a la mujer no.
    Su religión dice de que el hombre puede casarse con 5 (vale que tiene que pedir el consentimiento de su esposa, pero no te parece denigrante el hecho de que haya esa posibilidad. No crees que puede chantajear a su esposa, ya que normalmente es el hombre quien trabaja y le puede amenazar con dejarla pobre)
    Esta muy bien vivir en una burbuja se vive mas feliz.
    Pero la realidad es la que he visto.

    • Hola, como ves ya se ha publicado tu comentario, pero siempre los reviso antes. Esta es una entrevista a una chica que vivió allí durante un tiempo, y a mí todas las opiniones, siempre que sean desde el respeto, me parecen válidas. En cada viaje o estancia cada uno vive su realidad, eso por supuesto, y también siempre dependiendo de la edad que tenga y las experiencias que viva.

      Un saludo!

      PD: me llamo Carla, Carlota es la chica entrevistada 😉

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