Después de un largo día de trabajo por las estrechas calles de Florencia, por sus plazas señoriales y mundialmente conocidas, no hay nada mejor que poner dirección a Piazzale Michelangelo. Esta es la plaza donde todo turista y viajero sube al menos una vez en su estancia en Florencia para hacer una fotografía panorámica de toda la ciudad.

Un poco más arriba se encuentra San Miniato al Monte, otro de los lugares desde donde las vistas de toda la ciudad consiguen dejarte sin aliento. La cúpula del Duomo, de Filippo Brunelleschi, destaca imponente por encima de los edificios de la ciudad. Aun después de haber leído apuntes, libros, webs y blogs sobre la cúpula que corona Santa Maria del Fiore, la catedral de Florencia, me parece imposible que un solo hombre fuese capaz de diseñar y construir semejante mole: 100 metros de altura, 114 metros de altura exterior, 45,5 metros de diámetro exterior y 41 del interior.
Junto a esta se advierte la torre de Giotto. Y muy cerca de ambas, el Palacio Vecchio. Al otro lado del río Arno, los jardines Bóboli y el fuerte Belvedere reinan las colinas de Florencia junto a las residencias de los más pudientes de la región que, imitando a los Médici con el Palacio Pitti, se afincaron en esta zona en el siglo XVI para huir de las aglomeraciones del centro.
Florencia desde Piazzale Michelangelo, a las 9 de la noche.
Fuente: Carla Llamas/La Maleta de Carla

 

El río Arno separa las dos zonas de la ciudad. Desde Piazzale Michelangelo se ve espléndido. El sol empieza a bajar lentamente y lo hace a través de las nubes que le dan un toque rosáceo al cielo. Cientos de turistas empiezan a sentarse en los escalones que miran a la ciudad. Trípodes, cámaras, videocámaras y móviles de última generación esperan preparados al mejor momento de la tarde: el sol cayendo tras las montañas y escondiéndose para dar paso a la noche florentina.
Un joven toca Wonderwall, de Oasis, con su guitarra. Parejas que entrelazan sus manos, familias enteras de vacaciones, asiáticos posando mientras hacen la típica seña de la victoria o de la paz con los dedos, grupos de amigos, personas que piensan en otras personas y les echan de menos al escuchar una canción, que les gustaría compartir ese momento con alguien que no está allí. Piazzale Michelangelo se inunda de la mezcla de sentimientos provocados por las vistas, la música, los colores, las sensaciones.
El sol brilla cada vez más rojo y empieza a esconderse. La gente aplaude ante el espectáculo que nos ofrece la naturaleza. Si vais a Florencia, no os perdáis este momento. El astro se oculta por completo, pero la ciudad aun no se ha oscurecido del todo. Los monumentos empiezan a iluminarse.
Tras dos horas en lo más alto de la ciudad de Florencia, cae la noche y lo hace para dar paso a la vida nocturna. Clubs, bares a rebosar de jóvenes turistas y mucho ambiente en las calles es lo que nos espera en la temporada de verano. La temperatura acompaña como para bajar desde el mirador hasta la ciudad caminando. Es un buen momento para disfrutar la ciudad y sus luces.
Los reflejos del Ponte Vecchio y del corredor Vasariano (el pasillo que conecta el Palacio Vecchio con el Palacio Pitti, mandado construir por la familia Médici) brillan sobre el río Arno. Florencia me enamora sin querer. Podría quedarme contemplando esos reflejos toda la noche, navegando a través de la historia que transportan las aguas del Arno, de todo lo que tienen que contar sobre Florencia, su pasado y su presente. Los Médici, los Ricardi y los Lorena, Michelangelo, Galileo Galilei, Dante, los florentinos, los turistas y los viajeros. El Arno lo ve todo, a un lado y al otro de si mismo.

 

Ponte vecchio y corredor Vasariano reflejados en el río Arno.
Fuente: Carla Llamas/La maleta de Carla

 

Cruzamos el Ponte Vecchio, pasamos por debajo del corredor Vasariano hasta llegar a la Plaza della Signoria. El Palacio Vecchio iluminado acoge a sus pies numerosos turistas que no quieren irse a dormir aun, que quieren exprimir la ciudad hasta altas horas de la noche. Los vendedores de esos artilugios azules que se lanzan al cielo y vuelven al mismo sitio no me dejan hacer una foto perfecta.
Nuestra última parada es el Duomo nocturno. Qué diferente parece desde abajo, comparado con las vistas en Piazzale Michelangelo. Pero sea como sea, imponente. Pero Florencia no es la ciudad que nunca duerme. Pasan los minutos, nos acercamos a la una de la madrugada de un martes y poco a poco la ciudad se va apagando. Los turistas se retiran, los florentinos hace horas que están en sus casas.
Y yo, yo me despido de Florencia con un buen sabor de boca. Sabiendo que la he conocido un poco más. Que he conocido sus gentes, sus barrios más alejados, su amanecer y su anochecer, la cúpula de su Duomo desde todos los puntos de vista posibles, sus museos y su historia más en profundidad. Y me despido sabiendo que volveré.
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2 Comentarios

  1. No sé que pasa; pero últimamente no dejamos de leer sobre Florencia, justo ahora, cuando hace un tiempo que la estuvimos disfrutando y que publicamos un post en el blog… Florencia es bella; vimos el Puente Vecchio, pero no tuvimos la suerte de ver su reflejo de noche en el río. Preciso; preciosa fotografía y buen post panorámico!!
    Nos leemos 🙂

  2. Para mi y mis compañeros de máster ha sido el destino que nos tocó y donde hemos estado elaborando nuestro proyecto durante una semana. Mientras tanto, yo recogía mis impresiones de la ciudad para plasmarlas por aquí, y también me he fijado que Florencia estaba de moda entre los bloggers:)

    Me alegro de que os haya gustado, se agradece mucho el comentario, de verdad!!

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