El despertador suena a las cinco de la mañana, y aunque piensas que no puedes más, sabes que te tienes que levantar. Florencia vive a diario el asedio de miles y miles de turistas que se pasean por sus calles más conocidas. Desde la Piazza della Republica, pasando por la Piazza della Signoria, el Ponte Vecchio y el Duomo. Las estatuas callejeras observan el paso de personas que siguen como corderos a una guía turística que lleva consigo un paraguas rojo para que nadie se pierda. También el paso de fotógrafos expertos y no tan expertos. Y también han observado mis pasos esta última semana.
Pero a las cinco de la mañana todo es diferente. Las calles, solitarias y oscuras, descansan del ajetreo diurno. Las únicas que paseamos en busca de una buena foto nos encontramos con algún vagabundo durmiendo a la intemperie y con más de uno que todavía no se ha ido a dormir. Pero la Piazza del Duomo, con su torre de Giotto y su Baptisterio en frente, nos espera solitaria y aun iluminada.
El Duomo al amanecer. Piazza del Duomo, Florencia.
Empieza a amanecer. Los primeros camiones aparcan junto a las tiendas y empiezan a descargar sus mercancías. Los barrenderos limpian las calles y ya empiezan a aparecer los primeros turistas. Algunos, directos a la estación de autobuses de Santa Maria Novella, para continuar su día en otro punto de la Toscana o para dejar Italia definitivamente. Otros van en busca de lo mismo que nosotras: admirar la belleza de los monumentos del centro histórico de Florencia sin todos esos espontáneos que acaban colándose en sus fotos.
Caminamos hacia la Piazza de la Signoria. Ahora entiendo por qué la llaman así. La plaza desnuda parece mucho más grande, impresionante, una plaza señorial. El Palacio Vecchio, el protagonista de todas las fotos, es una estructura imponente coronada por la torre de Arnolfo. A sus pies, una copia del David de Michelangelo que nada tiene que ver con la que podemos encontrar en la Galería de la Academia. Aunque la copia es imponente, el David original consigue dejarte sin aliento. Vale la pena visitar la Galería sólo por esta estatua.
La Loggia de la Señoría o dei Lanzi es otro de mis lugares predilectos. Ahora, a las seis de la mañana, empieza a darle el sol que sale tímidamente por detrás de la Fuente de Neptuno (Bartolomeo Ammannati, 1563-1565, y alumnos). Este espacio contiene numerosas estatuas, pero sin duda mi obra favorita es El rapto de las Sabinas (Giambologna, siglo XVI).
Dan las siete y Rita, una de las trabajadoras del museo Uffizi, la Galería de arte más completa y famosa de todo Florencia, nos espera a la salida del mismo. Después de lidiar durante una semana con permisos y protocolos, hemos conseguido que nos permitan acceder a varios museos para poder fotografiar y después publicar algunas fotografías. Uffizi sólo para nosotras. Uffizi sin gente, sin aglomeraciones, sin visitas guiadas que no te dejan admirar tranquilamente las mejores obras del museo.
El sol ya entra por las ventanas de uno de los pasillos de la galeria, un espacio alargado que te roba el aliento. Obras de arte a ambos lados y en los techos, los frescos más bellos pintados por los artistas más conocidos. Es difícil describir lo que me produce esta estancia, no puedo imaginarme cómo debe ser inundada por miles de turistas.
Un número de salas incontable alberga las obras más bellas que coleccionó la familia Medici en este gran edificio. Una colección que para ellos fue privada durante mucho tiempo y que ahora se nutre de donaciones externas y está abierta a todos los que estén dispuestos a pagar por verla. Observo las obras entre sorprendida e incrédula. No me parece posible que obras de hace tantos años, de hace tantos siglos, sigan intactas, tan bien conservadas y en ese mismo momento sean solo para nosotras. Ser periodista a veces tiene muchas ventajas.

Salimos a la calle. El sol ya ilumina casi por completo el Ponte Vecchio y los florentinos, los pocos que quedan en la ciudad en verano, utilizan esas horas por la mañana para hacer sus compras e ir de un lado a otro.

Ponte Vecchio al amanecer.
Amanece en Florencia y ya llevamos muchas horas de trabajo en busca de rincones, momentos e instantáneas únicas de este lugar. Vale la pena hacer un esfuerzo, levantarse pronto y salir a la calle a pasear. Florencia no es la misma de día que de noche. No es la misma al amanecer que al anochecer. Hay que conocer todas las Florencias. La Florencia de los florentinos, la de los helados, la de las compras y el glamour, la de la gastronomía y los vinos, la Florencia artística e histórica.
Definitivamente Florencia puede regalarte, si sabes encontrarlos, momentos inolvidables.
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2 Comentarios

  1. Que sepas que yo no he ido, y me he contenido, para que tú me la descubras alguna vez, y me muestres la forma tan bonita y particular que tienes de vivir los viajes.

    La traducción me parece de gran esfuerzo y muy alto interés, ya que te puede leer todo el mundo 🙂

    Las fotos están muy bien, camarón-de-la-isla que debes tener

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