Durante la vuelta al mundo que dimos con Trivago, tuvimos la suerte de estar alojados en hoteles de alta categoría, y eso tiene sus pros y sus contras en algunos casos. Son hoteles en los que siempre te tratarán como a un rey aunque llegues con pintas de pordiosero, y donde se creen que tienes una cuenta bancaria que puede abarcarlo todo.

El Fairmont the Palm, en Dubai

 

Los pros superan, de lejos, a los contras. Así que hay que decir que durante la vuelta al mundo hemos estado muy a gusto. Pero rápidamente nos dimos cuenta de que estos hoteles y nuestra forma de viajar se pueden combinar perfectamente, pero hay que saber cómo.
Primera experiencia: Panamá

En Panamá estábamos alojados en el Intercontinental Playa Bonita, que está ubicado a unos 15 minutos en taxi del centro de la capital del país. Un hotelazo frente al mar, con tres o cuatro piscinas y todos los lujos imaginables.

El Intercontinental Playa Bonita, en Panamá

 

El primer día, nada más llegar, el taxista que nos recogió en el aeropuerto, nos informó de que la única manera de ir del resort a Ciudad de Panamá era en los taxis del resort, que además costaban 25$ por trayecto. Nos echamos las manos a la cabeza pensando que si queríamos conocer la ciudad, íbamos a tener que gastar 50$ diarios!
Pero ambos sabíamos que eso no podía ser así. De esta forma, nos acercamos al personal del hotel con el pretexto de informarnos de los packs turísticos y aprovechamos para preguntarles algo que nos solucionó la estancia en Panamá: “¿y vosotros, como vais del hotel a la ciudad?”.
Resulta que al salir del hotel, a dos pasos de la puerta, había una parada de autobús. Nuestro nuevo amigo nos explicó que en Panamá se utilizan también los taxis compartidos, que son furgonetas donde caben hasta 13 personas (unas encima de otras, claro), y que solamente cuestan un dólar por persona. 

Una parada de autobús solo para nosotros

 

Sin duda, esta era la mejor opción. Así fue como nos las arreglamos toda la semana para ir de un lado a otro, compartiendo taxis, utilizando el transporte público y pagando igual que los panameños.

El primer día ya aprendimos que el punto de salida de estos taxis se encontraba en la calle 17, un lugar en el corazón de Ciudad de Panamá donde no es muy recomendable pasearse de noche, y menos con dispositivos electrónicos en la mano.

La parada de taxis compartidos en Ciudad de Panamá

 

De esta forma, pasamos de una cantidad de 50$ diarios a unos 3-4 $ diarios.
Segunda experiencia: Bangkok
En nuestro hotel en Bangkok, el Pullman G, la única vez que nos sentimos estafados fue al coger un taxi hacia el aeropuerto, en nuestro último día. En la puerta nos esperaba un taxista que pretendía cobrarnos una barbaridad. Un taxista que probablemente estaba acostumbrado a lidiar con gente con más poder adquisitivo que nosotros.
Amablemente le dijimos que no y seguimos avanzando con nuestros maletones, sabiendo que unos metros más allá, otro taxista nos haría una mejor oferta. Efectivamente: nuestro viaje al aeropuerto nos salió por la mitad del precio que nos propusieron al principio.
Tercera experiencia: Sri Lanka

En Sri Lanka, a pesar de que también estábamos ubicados en un resort, el Cinnamon Bey, que parecía estar en medio de la nada, en nuestra primera tarde nos lanzamos a caminar hasta encontrar la carretera principal.

En autobús por Sri Lanka

 

Nos subimos en el primer autobús que vimos y paramos en Aluthgama, un pequeño pueblo a unos dos kilómetros de Beruwala. Y así empezó nuestra aventura en transporte público por el país, que más fácil no podría ser.

Cuarta experiencia: Dubai
En Dubai nos dimos cuenta de algo que, a la par que obvio, a nosotros de primeras nos sorprendió. Y es que el combustible es tan barato, que a veces sale a cuenta coger un taxi.

En nuestra estancia en los Emirates Árabes Unidos, estábamos alojados en el Fairmont the Palm. Ya el primer día nos enteramos de que este hotel pone a disposición de sus clientes un servicio de transfer gratuito al centro comercial más cercano, el Mall of the Emirates, en unas horas concretas.

Taxis rosas, solo conducidos por mujeres.

 

Nuestra habitación en el Fairmont The Palm

 

Este servicio nos iba perfecto porque en el Mall of the Emirates hay parada de metro, supermercado para hacer pequeñas compras, restaurantes y hasta una pista de ski por si nos daba por hacer deporte.

Nuestra conclusión después de estas experiencias es que siempre, siempre, hay una opción low-cost para moverse por cualquier país, aunque eso suponga ir apretados en una furgoneta, con música panameña a todo volumen y sin cinturones, o en autobuses kamikazes, también sin sistemas de seguridad. Solo hay que preguntar a los locales cómo lo hacen ellos, y copiar. Al final, “donde fueras, haz lo que vieras”. Pues eso.
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