Normalmente estamos deseando salir de nuestra ciudad y nuestra rutina, deseando ver otros países y conocer otras culturas. Y muchas veces apenas conocemos nuestra propia ciudad, o al menos eso me pasa a mi cada vez que me acerco a Barcelona.
Recorrer el barrio gótico siempre me descubre una nueva callejuela, hace poco me perdí por primera vez el Laberint d’Horta y a mis 24 años y siendo del Barça, aun no he ido al Camp Nou (y no por falta de ganas).
Y es que a veces estamos tan preocupados con cuál va a ser nuestro próximo viaje que nos olvidamos de los tesoros que tenemos a un trayecto de autobús.
Admirar la ciudad desde el castillo es el atractivo favorito de todos. Las vistas son inmejorables.

 

Hace unos días redescubría una de las cimas de Barcelona: Montjuïc. 
En lo más alto del monte se encuentra un castillo que lleva abierto al público más de 50 años. Fue en 1640 cuando se construyó el primer fuerte pero hasta 1779 no se acabó la edificación completa del castillo y entonces tomó el aspecto que aun mantiene hoy en día.
El castillo ha sigo lugar de defensa de la ciudad pero también el macabro escenario de fusilamientos, encarcelamientos y torturas. Por mencionar algunos casos concretos, a finales del siglo XIX se llevó a cabo lo que se conoce como el “Proceso de Montjuïc”, un juicio seguido de detenciones de los obreros que se sumaron a la ola de violencia anarquista en la decada de 1980. Más adelante, durante la Guerra Civil, fue convertido en prisión, y durante la represión franquista fueron ejecutados más de 4.000 presos republicanos y catalanistas en el castillo. Uno de los fusilamientos más destacados fue el del presidente de la Generalitat de Catalunya, Lluís Companys, el 15 de octubre de 1940.
Un lugar hoy objeto de los flashes y de los paseos de turistas que esconde muchas historias desconocidas por muchos de los que se acercan hasta allí. Caminar por los jardines del castillo no transmite hoy sino paz y tranquilidad, y hay pocos elementos que sigan recordando la historia de este edificio. Los cañones siguen apuntando al mar, y un monolito recuerda que Lluís Companys perdió la vida en esa cima.
Podemos bajar desde el castillo nuevamente en autobús o coger el teleférico, que es más caro pero merece la pena aunque sólo sean 10 minutos de trayecto. El teleférico es como un ascensor que te baja desde el castillo y te deja cerca de la Plaza Europa. La puesta de sol desde éste punto es también una delicia.
Puesta de sol desde la Plaza Europa. A la derecha, el Palau Sant Jordi.
En frente, la torre de telecomunicaciones.
En ésta plaza se encuentra también la famosa torre de telecomunicaciones de Barcelona, diseñada por el arquitecto e ingeniero Santiago Calatrava con motivo de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992. Una torre muy característica que además, debido a su orientación, funciona como reloj solar.
Unos metros más abajo se encuentra el Museo Nacional de Arte de Catalunya. Si tenéis suerte o si lo planeáis bien, podréis disfrutar desde ese punto del espectáculo musical de las fuentes, todo un placer para los sentidos.
La fuente mágica

 

Podréis encontrar el horario del espectáculo aquí.
¿Cómo llegar al castillo de Montjuïc?1) Bus 150 desde Plaza España. Cada 10-15 min. 2 euros.

2) Metro Paral·lel L2 o L3 + Funicular de Montjuïc + Teleférico de Montjuïc o 10 minutos andando.3) Bus turístico: ruta roja, paradas Telefèric de montjuïc o Miramar – Jardins Costa i Llobera + Teleférico de Montjuïc o 10 minutos andando.

La fuente Mágica desde el MNAC
Fuente: Adrián Campa, La Maleta de Carla
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