No resulta fácil volver 10 años atrás y recordar el primer gran viaje de tu vida. Y resumirlo es aun más complicado, pero para una mente de 16 años que coge un avión por primera vez durante más de 8 horas, y que aterriza en una ciudad donde todo es el doble de grande que en la suya, algo tiene que cambiarle por dentro. A mi definitivamente me cambió.
Estábamos en el aeropuerto de Barcelona (en la Terminal 2, que la 1 todavía no existía) 3 horas antes del embarque para que los trámites fuesen correctamente, todos vestidos con nuestra camiseta roja diseñada por Joel Muñoz, uno de los estudiantes. Hoy me pregunto, ¿Quién estaba más nervioso, nosotros o nuestros padres? ¿alguien se olvidó el pasaporte en casa? ¿alguien llegó tarde?
Primera parada: el aeropuerto Charles de Gaulle de París, y de ahí directos a nuestro destino, el aeropuerto de Los Angeles. Nuestras caras eran de total asombro al ver coches lujosos, rancheras de película y autopistas con 5 y 6 carriles. El punto de encuentro del viaje sería un centro cultural en Pasadena. Allí fue donde, divididos en parejas, conocimos a las que serían nuestras familias las próximas dos semanas.
El grupo a la llegada a Pasadena
La familia
El señor del sombrero de Cawboy, Tom, y Chris, una mujer bajita y de piel tostada serían nuestros padres durante dos semanas. Dos personajes muy interesantes, estrictamente religiosos y votantes de Bush que nos acogieron como a dos más en su casa. Cuando la primera noche, antes de cenar, se cogieron de las manos para rezar, ahí supimos que estábamos experimentando un gran choque cultural y religioso. 

La familia era la encargada de proveernos de comida y alojamiento, nada más. A cambio, recibían una cantidad económica. Nuestra familia superó sus obligaciones llevándonos a Disneyland Hollywood, todo un detalle.
Además, la familia Knight contribuyó a incluirnos en la cultura americana rápidamente. Nos llevaron también a uno de los partidos de fútbol americano de la escuela de una de sus hijas: cheerleaders, una banda de música, vendedoras de perritos calientes en las gradas…¿qué más podíamos pedir?
Cheerleaders de los Arroyo Knights
Las primeras visitas
Nos alojábamos cerca de Pasadena y allí fue donde pasamos parte del segundo día de nuestro viaje y donde fuimos a topar con un rodaje de cine. ¡Ahora si que estábamos en Los Ángeles! No puedo imaginarme lo que debió ser para los tres profesores acompañantes el controlar a una jauría de adolescentes en instantes como esos y los que vendrían. Estuvimos a un paso de Jennifer Aniston y Kevin Costner, pero nos conformamos con los extras de la película.
Rodaje de la película “Dicen por ahí”
Los siguientes días los pasamos en visitas a diferentes institutos. La Cañada Highschool y el Hollywood Highschool nos recibieron con los brazos abiertos.

 

Pero lo que realmente consiguió sorprendernos fue ver algo que habíamos visto millones de veces en las pantallas de nuestros televisores, desde casa, o en las pantallas de cine: El paseo de la fama. Aquí y allá íbamos en busca de nombres conocidos para hacernos fotos con ellos.
La estrella de Michael Jackson en el paseo de la fama
Lugares con historia
El Grauman’s theatre, el Kodak theatre, donde se celebran los Oscars, el Hollywood entertainment Museum, el Hollywood Museum, e incluso el Pasadena Playhouse, una antigua escuela para actores y actrices muy reconocida. Fueron visitas obligatorias que no podíamos perdernos y que enriquecían aun más nuestro proyecto cinematográfico.
Glamour a los 16
Casualmente, durante nuestra visita a Los Angeles iba a tener lugar una edición de los Emmy, los premios de las series de televisión. Noël Gordo, uno de los estudiantes que participó en el viaje, propuso a Susanna Soler, la profesora a cargo, intentar conseguir entradas para este evento.
Para nuestra sorpresa, lo consiguieron. 43 adolescentes en la alfombra roja. Una experiencia de la que hablo más en profundidad aquí. 
Las chicas, listas para los Emmy Awards
El Shrine Auditorium de Los Angeles

 

No hay lugar aquí para el detalle en profundidad del gran viaje porque fueron infinidad de experiencias que ya solo recuerda bien un diario que escribí a los 16. Todos los que pudimos ir lo guardamos en nuestra memoria de una forma diferente y especial. Pero debió cambiarme la forma de pensar porque recuerdo que lo primero que dije cuando puse los pies en Estados Unidos fue que no iba a ser la última vez, y recuerdo que pensé que viajar tenía que empezar a formar parte de mi vida. Y así ha sido.
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