Este año me debatía entre dos propuestas: un fin de año indeciso en Sant Pere de Ribes, aunque con fiesta asegurada, o bien apuntarme al Mountains project, un encuentro de tres días en las montañas de León con personas de diferentes rincones de España de los cuales solo conocía a dos.
Tras darle muchas vueltas a la cabeza decidí apuntarme. El plan tenía muy buena pinta. Pero cuando mi amigo Fran me convencía por teléfono para que fuese, no me esperaba pasar un fin de año tan increíble.
I love sidra
El viernes 30 de diciembre, F. me recogía en León para llevarme al albergue juvenil que habíamos alquilado nosotros y otras 15 personas que no conocía. Villamanín era el pueblo elegido, a medio camino entre León y Asturias, rodeado de un paisaje montañoso, idílico, y del que esperábamos que nos regalase algo de nieve.
Al llegar y descargar el coche de comida, bebida, maletas y demás enseres, nos instalamos y empezamos a preparar la cena intercultural. Cada uno procuró traer algo de comer de su región. Yo me sumé con el fuet (lo único que pude meter en mi maleta llena de “por si acasos” y que tenía que pasar los controles de Ryanair).
Empanada y queso de tetilla

Esa misma noche, y tras conocer a casi todos los participantes (aun faltarían dos por llegar) descubrí que la Sidra asturiana tiene su punto. Sobretodo porque aprendí que te la tienes que beber de golpe, como el zumo de naranja. Sólo un culín de sidra, y luego hay que dejar un poquito en el vaso. Aprendí también a escanciarla, todo un arte para los que tienen más puntería, pero que aun así se encargan de dejar el suelo bien pringoso.

 

Escanciando Sidra

 

Los juegos nocturnos hicieron que la complicidad creciese entre nosotros, que aprendiésemos algo más de cada uno y de que supiésemos con quién íbamos a hacer muy buenas migas en el Mountains Project.  Esa primera noche, sobre las cinco de la mañana, acabamos haciendo una expedición por el pueblo, en busca de algún sitio donde continuar o acabar nuestra fiesta. Lo encontramos, y a pesar de que se oía música dentro, no nos dejaron pasar. Eso sí, el cielo, a rebosar de estrellas, nos regaló un muy buen final de noche y un gran inicio de aventura.
En busca de la nieve
 
Tocaba levantarse prontito, daba igual a la hora que nos hubiésemos acostado. Era tiempo para explorar las montañas de León en busca de nieve. La estación de esquí de Valgrande nos recibía con un nivel de nieve polvo suficiente para hacer de las nuestras con una colchoneta hinchable que trajo F. Bolas de nieve, deslizamientos, risas, juegos, que culminaron en un bocadillo de tamaño industrial en el bar de la estación de esquí. 4,50 euros muy bien invertidos.
Fran disfrutando de la (poca) nieve

 

Tras la recarga de energía, tocaba subir otra pequeña montaña al acecho de buenas vistas. Y subiendo recibimos la llamada de Radio Llena, la radio local de Pola de Lena, en Astúrias, para que contásemos un poquito más sobre la experiencia del Mountains Project.

Las vistas desde la pista de esquí

Después de disfrutar de las vistas y de la poca nieve, algunos se animaron a lanzarse ladera abajo haciendo una carrera. Uno de esos momentos impagables.

De vuelta al albergue hicimos un alto en el camino en Casa Maragato. Nuestros amigos asturianos nos aseguraron que allí se podía comer el mejor embutido de toda Europa.
Casa Maragato es un pequeño universo cerca de Villamanín. No hace falta ni siquiera entrar para darse cuenta. Una puerta doble separa ese bar-restaurante-tienda de ultramarinos del resto del mundo. Es un lugar curioso donde los haya, que merece la pena un rato de nuestro tiempo para analizar, observar y fijarse en todos y cada uno de los detalles.

Allí, en los límites de León, me contaba una de las propietarias que esa casa tiene ya doscientos años, que van por la quinta generación. La llena de orgullo ver como su familia crece y siguen manteniendo el negocio, que aunque ha sido remodelado en varias ocasiones, mantiene ese ambiente en el que se respira antigüedad, dónde el olor a vino y embutido son los protagonistas.

 

Merece la pena hacer un parón y tomarse un vinito, un café o lo que apetezca, probar una tapita de embutido y disfrutar de cada rincón de ese establecimiento. Su colección de latas de cerveza, sus esquís y trineos colgados en las paredes, su colección de arenas del mundo, las primeras latas de cola-cao, numerosas botas de vino, un par de jamones colgados de la pared, un queso a medias (¡y menudo queso!), su belén (con escena “obscena” incluída) y hasta tirachinas. Todo un museo de los dos últimos siglos.

Casa Maragato

 

Colección de arenas del mundo
Salimos de allí con las energías renovadas, listos para pasar un fin de año inolvidable.
Un fin de año diferente
Cabrito, patatas, pimientos, un pan del tamaño de mi torso y mi cabeza juntos, cake-pops, bombones, cava, uvas, vino, moscatel, ron, coca-cola, vodka, sidra y más sidra. Una noche completita. Tras las uvas fuimos a celebrarlo a la plaza del pueblo de Villamanín. Revolucionamos Villamanín. Nos volvimos locos. Y tras unos bailes con los éxitos más pachangueros (camela, raffaella Carrá, etc) iniciamos la segunda expedición al pub del pueblo, el Cañón.
Menú de fin  de año

 

Pub de Villamanín, El cañón

 

A las 6:35 de la mañana salíamos del pub. En busca del albergue, que nos costó encontrar por la niebla, encontramos un reloj que marcaba -6 grados. Conseguí mi objetivo: estar en un lugar con la temperatura más baja que he experimentado.
Resaca de fin de año, Harry Potter en la tele
Amanecíamos. Algunos antes que otros. En la televisión, reportajes sobre el fin de año en los diferentes rincones del mundo y películas de resaca, como es Harry Potter y la Piedra Filosofal.  En nuestra cocina, el caos, producto de la fiesta de la noche anterior. Las sobras del cabrito, que serían comida y cena de muchos, aguardaban a la espera, resecándose, en sus recipientes. Nos fuimos activando con cuentagotas, y decidimos explorar el pueblo, esta vez de día.
Cuatro casitas entrañables, olor a chimenea, niebla, y mucha montaña, rodean el pueblo de Villamanín. Dos bares, donde la juventud se mezcla con la tercera edad en su entretenimiento favorito: jugar a cartas; El hogar del pensionista, el centro de toda la vida social de Villamanín y que, atención, cuenta con red wifi. El Cañón, que solo abre en festividades importantes. Un supermercado, un banco y el ayuntamiento. Eso es todo.


La mímica, juego obligado
 
La mímica en el juego de las películas nos dejó perlas para recordar. Desde películas como “la pasión turca”, “garganta profunda”, “streaptease” y algunas tan poco conocidas y difíciles de representar como “karanduru”.
Juegos, risas y más momentos inolvidables pusieron la guinda a una noche que acabó de forma inesperada.
Antes de decidirme por asistir al Mountains project nunca había pasado un fin de año fuera de casa.   Pero al volver todo sigue igual, y todo parece nuevo. Los que estaban, por suerte, siguen ahí. La que ha cambiado un poquito he sido yo. Necesitaba refrescar ese sentimiento de ida y vuelta, de conexión y desconexión. De complicidad con gente nueva, de sentir, de dar valor a cosas que importan, que se nos olvidan a menudo, en un mundo de tecnología, redes sociales y frialdad online. Buscaba algo real y lo conseguí. Viajar es ganar. Un compañero de viaje, un lugar nuevo, un sentimiento hasta entonces desconocido, una forma nueva de ver las cosas. Reencontrarse.
Y volver.
Hice la maleta corriendo. Todo desordenado. Un adiós rápido, escueto, todo por decir y siempre me quedo sin palabras, odio las despedidas. Salí disparada hacia el coche. Los tres últimos abrazos, los más intensos. Y al subir la ventanilla del asiento del copiloto me di cuenta de que se había acabado. Ya habíamos despedido el año, vuelta a empezar, sin propósitos escritos sobre papel, sólo seguir, experimentar, viajar, crecer, seguir sonriendo.

Y si toca hacer un propósito, este es el mío:

El mundo nunca es suficiente. […]. No vamos a tocar las cosas, vamos a sentirlas. No vamos a ver gente, vamos a ver almas. Al margen de todo queda el despertador, el trabajo, las rebajas, los domingos, los holas y hastaluegos, el programa de las nueve y media, las telefilms, subir escaleras, bajar escaleras, limpiar el retrete, ir a comprar el pan. Vamos a hablar con nuestras manos, y vamos a ser escuchados por vuestros ojos. Vamos a despertar lo que que llevamos dentro, lo que desconocemos, lo que alguna vez ya hemos visto de reojo y nos ha hecho sonreír, y nos ha hecho pensar. Reflexiona. Sabes más de lo que piensas”.
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