¿Qué pasaría si tuvieran una sola oportunidad de dar el gran salto para ir a conocer otro mundo?
La pregunta tiene su gracia tratándose este de un blog de viajeros. Tenemos la “suerte”, si puede llamarse así, de vivir en una época donde casi no nos cuestionamos la posibilidad de viajar cuando queramos y a donde nos plazca. Pero lo cierto es que no siempre fue así.
Los viajeros del siglo XIX
Leyendo las cartas de algunos viajeros ingleses que estuvieron por Latinoamérica me pareció fascinante la preparación que suponía hacer un viaje transatlántico un par de siglos atrás.
Viajar a otro país, incluso dentro del propio continente de residencia, suponía  meses de preparación, puede que años. Cruzar el charco era casi material onírico. 
Mary Graham (1785-1842) Escritora y viajera inglesa. Se  instaló en Chile y en 1824 publicó un diario sobre su residencia en este país.
Para estos afortunados aventureros trasladarse suponía mucho más que disfrutar de un paisaje nuevo o nutrirse a nivel personal de culturas diferentes. Tenían que aprovechar sus expediciones para descubrir. Muestra de esto fue el viaje alrededor del mundo que realizó Charles Darwin entre 1831 y 1836 a partir del cual basó sus teorías naturalistas.
Los relatos que solían llegar a Europa estaban cargados de exotismo y misterio. De hecho, la mayoría de los informes de los expedicionarios europeos en América eran una suma perfecta de realidad y ficción donde la frontera entre lo que vivieron y lo que les hubiese gustado vivir estaba completamente desdibujada.
Richard Burton, Alexander Von Humboldt o Mary Graham son algunos de los exponentes más destacados del relato de viaje de la época.
Mapa de geografía botánica derivado del trabajo de Alexander Van Humboldt durante su expedición
¿Y ahora qué?
Leer los relatos de estos expedicionarios me hizo caer en la cuenta de lo mucho que subestimamos la posibilidad de viajar. Hoy en día el transporte es muy variado y está al alcance de prácticamente cualquiera. Quizás haya que ahorrar un poco (A veces cuesta…) pero suele conseguirse. Ahora, ¿Y si sólo pudiésemos viajar una vez en la vida? ¿Y si lo que escribiésemos supusiera el acercamiento más próximo de una persona con ese lugar que quizás nunca pueda conocer en persona?
Yo ya tengo mis relatos únicos semi-programados, ¿Y ustedes?

Reflexión y relato de Lorena Zeballos, que ya nos habló de la capital de Uruguay, Montevideo. 

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