Cruzar el Atlántico siempre trae consigo mucho aprendizaje. No porque en Europa no se aprenda, todo lo contrario, sino porque normalmente nos introducimos en culturas muy diferentes a la nuestra. Y así fue para nosotros la experiencia en Panamá. 

Con nuestra bola del mundo en el Causeway de Panamá. De fondo, el skyline de la ciudad.

 

Estas son las sensaciones que nos dejó el país y su gente, y que anotamos justo después de partir. Antes de seguir, es importante destacar que en Panamá empezó a haber turismo hace unos 6 o 7 años, con la edificación de los primeros resorts y hoteles. Su capital, Panama city, aun está adaptándose a ese turismo nuevo y las zonas rurales aun se muestran tímidas ante la novedad.

Los edificios, rascacielos y hoteles empiezan a ganarle terreno a la naturaleza.
Los panameños, por norma general, nos parecieron tímidos al principio, quizá desconfiados, excepto los que se han acostumbrado a tratar con el turista.
Con nuestro amigo Francisco comiendo probando la gastronomía panameña. Él está acostumbrado a tratar con turistas por su trabajo.
– Muchos panameños no han salido nunca de su país, y esta es otra de las razones por las cuales les cuesta relacionarse con extranjeros.
– Los panameños son extremadamente serviciales y agradecidos. Les encanta decir eso de “a la orden” cuando se les pide algo.
– El regateo está a la orden del día con los taxistas. En cambio, con los artesanos y vendedores ambulantes no es tan sencillo.

En los puestos callejeros y de artesanos es más difícil regatear.

 

– Por lo general, no nos hemos sentido inseguros en Panamá, aunque es el país en el que más inseguros nos hemos sentido. Y es que en Panamá hay que ir con prudencia, evitando zonas rojas tanto de día como de noche. Una de las recomendaciones que nos hicieron los panameños que conocimos fue que no paseáramos con los dispositivos electrónicos en la mano: los móviles están muy codiciados.
Panamá nos sorprendió. Nos encantó. Es uno de los países de nuestra vuelta al mundo de Trivago  que estamos deseando repetir porque aun se conserva virgen e intacto en muchos sentidos. Y porque todas las personas que conocimos allí nos transmitieron esa alegría y frescura tan característica.

¡A Panamá volveremos seguro!

 

Es importante destacar también que las sensaciones que nos llevamos de Panamá corresponden a un tiempo y un espacio concreto, y somos conscientes de que con el tiempo evolucionaran. Otro viajero que vaya mañana mismo al país puede encontrarlo ya muy cambiado, o percibir una idea completamente diferente a la nuestra. Esa es la riqueza del viaje y de las miradas de los viajeros, que cada uno es distinto.
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