En Marzo de 2012 visitamos Prijepolje para disfrutar de dos semanas de un aislamiento real, el que solo pueden darte las montañas más vírgenes. Celebramos un encuentro multicultural entre jóvenes de varios países para conversar sobre las eco-aldeas y la implicación de la juventud en un mundo más ecológico. 

Llegar a Prijepolje desde Sarajevo es una odisea de cuatro horas por carreteras serbias y bosnias, sin cinturones de seguridad y adelantos en tramos peligrosos. Pero no me preguntéis más porque, a pesar de eso, dormí casi todo el camino.

De Prijepolje a Sopotnica, donde se encuentra la Casa de los Montañeros (The mountaineers home), hay otros 20 minutos interminables. Sopotnica no es ni un pueblo ni una aldea. Son casas independientes, una a media hora de camino de otra, dónde lo más conocido de la zona son sus cascadas. Cascadas infinitas que anuncian ya la llegada de la primavera con el deshielo de la nieve, que cae líquida desde la cima de las montañas más altas.

Parte del equipo español en las cascadas de Sopotnica

 

En este paraje montañoso amanece pronto, cuando despierta el gallo. Dino, nuestro cocinero, va a por el pan a las 7 de la mañana para que podamos comerlo en el desayuno, a las 9. Cuando se acaban los huevos, no hay más hasta que las gallinas no ponen. Y si no hay tomate de lata para hacer paella, no se puede bajar al súper a buscarlo. 37 jóvenes trabajamos juntos para entender algo más sobre las eco aldeas. Los 37 compartimos un baño, cuatro letrinas y dos duchas.
Letrinas de montaña
El colegio de Sopotnica quedó abandonado cuando los niños crecieron. Cuando se construyó la Casa de los Montañeros, se esperaba que atrajese turismo a la zona y quizá familias con niños que quisiesen quedarse a vivir. De momento no ha sido así, y la escuela de Sopotnica sigue cerrada.
Aquí nadie se distrae con internet, porque aquí no hay cobertura. Y a nadie parece importarle. Aquí importa más mantener el fuego avivado que actualizar tu estado de facebook. En los ratos libres nos sentamos junto al fuego o detrás de la casa, dónde las vistas son impresionantes: un mar de montañas que no tiene fin, y una puesta de sol anaranjada que te deja sin aliento. De fondo sólo se oye a los músicos del grupo entonar melodías positivas. Suenan “The Beatles”, “Guns n’ roses”, “The rolling stones” y todos cantamos a coro.
Participantes en el Intercambio “Youth in Nature”
Cuando cae la noche en Sopotnica, en la Casa de los Montañeros sólo se escuchan risas y música.  Los 37 disfrutamos de ese paraíso aislado de la civilización, de la lejanía de la rutina habitual. Nos olvidamos de lo que hay más allá de las montañas de Serbia.
Puesta de sol en Sopotnica
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