Me despierta la llamada al rezo en una mezquita cercana. Primero ubico donde estoy, en una cabaña en la montaña en Ella, Sri Lanka. Un pájaro empieza a cantar y un amigo suyo se le suma. Ya va a ser imposible volver a dormirse aunque sean las 6:30 de la mañana. Ahí viene el canto del gallo marcando que empieza un nuevo día.
Paisajes de Sri Lanka
Parece que hace dos semanas que salimos de Beruwala y fue solo antesdeayer. Con dos mochilas y nuestras cámaras de fotos nos lanzamos a conocer otras zonas de la isla de los mil nombres.
Antes de salir del hotel, en Beruwala.

 

Salimos cargados con paraguas y chubasqueros porque en Beruwala, como de costumbre, caía un aguacero matutino. Llegamos a la carretera principal y cogimos el primer autobús a Colombo. Dos horas apretados entre nuestras mochilas, sudaderas, chubasqueros y paraguas, y amenizados por la música en el autobús.
Hay que decir que si llegamos a los destinos es, en muchos de los casos, un milagro, porque a los conductores de autobuses en sri lanka solo se les puede definir como temerarios e imprudentes.
Llegamos a Colombo, capital del país. Sabemos que estamos en la capital porque por suerte, desde que llegamos, hemos estado en zonas rurales y no habíamos visto marcas conocidas, ni McDonalds, pero al llegar a Colombo es lo primero que vemos. Eso, y edificios altos que nada tienen que ver con lo que ya conocemos del país.
Colombo, la capital del país
Como tenemos el tiempo ajustado para la ruta que queremos hacer, decidimos descartar Colombo. Y menos mal, porque al llegar a la estación de trenes justo salía uno hacia Kandy, nuestra segunda parada.
Nada más aparecer el tren por la vía empezamos a notar que algo cambiaba, la gente empezaba a ponerse nerviosa, y a medida que se aproximaba el tren empezó la locura. Gente corriendo, saltando al tren en marcha, empujándose… Nosotros en un principio nos quedamos pasmados, pero decidimos subir corriendo al tren por si acaso. Efectivamente, la gente corría porque los asientos eran insuficientes. En un lapso de dos minutos se llenó el tren cual lata de sardinas y no cabía un alma.  Podéis comprobarlo en el siguiente video.
Fuimos de pie, apretados y sin aire durante aproximadamente dos horas, la mitad del trayecto, sin poder disfrutar de las vistas. Cuando empezó a vaciarse también empezamos a amar ese trayecto y la naturaleza que lo rodea.
Paisajes de Sri Lanka
Uno de los asientos más codiciados en estos trenes son los escalones de la puerta, donde se disfruta más de la libertad de la naturaleza y la velocidad del tren.
La gente viaja con medio cuerpo fuera del tren
Llegamos a Kandy en lo que nos pareció el día más caótico y ruidoso en que podríamos haber llegado. En unos días había elecciones en el país y los mítines se retransmiten a través de grandes altavoces colocados en toda la ciudad mientras la gente va y viene.
Sorteando a los diferentes conductores de tuk-tuk, conseguimos llegar hasta el lago, donde un hombre nos indicó amablemente donde podíamos encontrar nuestro hotel.
En el camino nos perdimos, y coincidimos con el que sería, desde esa tarde, un nuevo amigo en Sri Lanka. Palitha, un conductor de tuk-tuk con el vehículo más original que habíamos visto, se ofreció a llevarnos por una cantidad razonable teniendo en cuenta que sabíamos que estábamos cerca: 100 rupias ( 60 centimos).
El lago de Kandy
En dos minutos llegamos y Palitha decidió no cobrarnos por el trayecto. En cambio, nos habló de los tours que hacía en tuk tuk, que nos parecieron de lo más interesante y le propusimos llamarle más tarde para poder pensarlo. Por fin estábamos en nuestra guesthouse, algo así como una casa particular donde aceptan invitados por un precio reducido. Lo bueno de este tipo de alojamientos es que estás en una casa privada, con toda la limpieza y el orden que normalmente conlleva, y con una familia del lugar, lo que hace a la experiencia doblemente interesante.
Después de instalarnos y descansar, decidimos salir a cenar y conocer algo de Kandy. Lo que más nos llamó la atención fue el buda gigante que se veía desde la ciudad. Subir a esa montaña a las 10 de la noche, oscuro y sin mapa nos parecía complicado, así que pactamos con un conductor de tuk tuk la ida y la vuelta por 500 rupias (3 euros).
El buda gigante de Kandy
El buda nos sorprendió por su tamaño y majestuosidad, porque de algún modo preside la ciudad y la observa desde tan alta altura.
De vuelta al hotel, ya pensábamos en el plan para el día siguiente, que prometía ser increíble.
Autor

5 Comentarios

  1. Hola, recuerdes el nombre del guest house o me podrias indicar donde encontrarlo? gracias.

Escribe un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está aceptando nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies