Adrià Ferret, un joven ingeniero aeronáutico de 24 años, cuenta su aventura haciendo el Transiberiano.
“Al Transiberiano hay que ir sin miedo ni asco”
Adrià Ferret vive a caballo entre Toulouse, donde hizo su beca Erasmus y trabaja, y Sant Pere de Ribes, la localidad donde ha vivido y a la que aun vuelve para ver a familiares y amigos. En sus 24 años no ha perdido el tiempo: Marruecos en coche, una ruta por Rumanía, Macedonia y Los Angeles. Hasta Septiembre tenía trabajo como ingeniero aeronáutico, pero lo dejó todo para irse con tres amigos a hacer el Transiberiano.
Adrià Ferret

 

Cómo surge la idea de hacer este viaje?
Mi amigo Patrick y yo llevábamos mucho tiempo hablando de hacer un viaje para celebrar que acabaríamos nuestras respectivas carreras. A los dos nos gusta mucho descubrir mundo, habíamos hecho algún viaje juntos, como por ejemplo una semana en coche desde Fez a Marrakech, y buscábamos algo irrepetible.
Las dos ideas principales eran el Transiberiano o cruzar Cuba. Sobretodo nos apetecía más la segunda porque nos daba miedo ir a Siberia en Octubre-Noviembre por el frío, pero la idea del Transiberiano venía de mucho antes, aunque ya no recuerdo de cuándo. Nos informamos un poco y vimos que la ciudad donde podía hacer más frío era Ulaanbaatar, con unos -5ºC en octubre, así que nos animamos del todo.
Le preguntamos a más amigos si querían apuntarse y finalmente Marcel (que también había venido a Marruecos) e Isaac se apuntaron.

 

Los cuatro viajeros (de izquierda a derecha): Patrick, Isaac, Adrià y Marcel, en Moscú.
Fuente: Diari d’una estona
Russia, Mongolia, China y Corea del Sur. ¿Por qué esta ruta?
La idea inicial era un viaje desde Moscú hasta Pequín, la típica ruta transmongoliana. Desde el principio descartamos ir hasta Vladivostok (este de Rusia) porque queríamos pasar por Mongolia (teníamos claro que nunca más tendríamos la oportunidad de ir) y así descubrir también China. Poco a poco fuimos añadiendo ciudades chinas: Xi’an, Datong, y ya que bajábamos fuimos hasta Shanghai y así añadimos unas cuantas ciudades más.

La ruta.

 

La posibilidad de ir hasta Corea surgió hacia el final de la planificación y tampoco lo teníamos muy claro antes de irnos. Decidimos que lo haríamos o no dependiendo de cómo fuesen las cosas. Y lo añadimos como añadimos otras ciudades chinas: “ya que estamos allí, aprovechémoslo”. Además, volar a Seul y volver a Barcelona nos costaba más o menos lo mismo que volar desde Shanghai.
Tenías trabajo antes de irte de viaje. Teniendo en cuenta la situación de crisis que está viviendo nuestro país, ¿qué te hizo decidirte a ir de viaje en vez de quedarte trabajando?
Las condiciones eran ideales: amigos que acaban al mismo tiempo sus carreras y tienen tiempo para viajar. ¿Cuándo volveré a encontrar tres amigos para poderme ir dos meses con ellos? Ademas, mi pasión es viajar, y vivimos para pasarnoslo bien, no para trabajar. Trabajar es el medio para viajar, no el objetivo. Los seis meses anteriores al viaje estuve haciendo prácticas remuneradas que me permitieron pagarme el viaje.
¿Cómo habéis planeado este viaje de 55 días?
Leyendo muchos blogs, buscando información de cada ciudad, visados, precios, etc. En marzo ya habíamos decidido que lo haríamos, así que empezamos a diseñar el itinerario. El mayor problema fueron los visados, porque estábamos todos de Erasmus y nos fue difícil de tramitar. Además te dicen que tardan cuatro días laborables, pero sólo trabajan tres días a la semana, así que al final tardan más de una semana. Eso hizo que empezásemos el viaje sin el visado mongol, que por suerte pudimos hacerlo en un solo día en Moscú pagando una buena suma de dinero.
Antes de salir teníamos planeadas más o menos las ciudades y el número de días, con dos requisitos únicos: salir de Rusia antes de que expirase nuestro visado y volver a casa antes de las elecciones del 25 de noviembre.
¿Qué esperabas de este viaje?
Descubrir mundo: paisajes, cultura y gastronomía.
¿Qué es lo que más te ha sorprendido de este viaje?
La gente, supongo. Son muy acogedores, las fotos lo demuestran.
Los cuatro viajeros con algunos de sus Couchsurfers
Fuente: Diari d’una estona
En cada viaje surgen imprevistos, ¿con cuáles os habéis encontrado vosotros?
Tuvimos pocos, la verdad. Un ejemplo podría ser el día que subíamos al pico de una montaña con más de mil metros de desnivel con nuestras maletas de 15kg a cuestas. Pensamos que encontraríamos taquillas en la estación de tren, pero solo era un andén de hormigón. Fueron 6h de escalada, con lluvia, por escaleras estrechísimas. No sé como pudimos pasar con las mochilas. Además, hicimos caso a la recomendación de empezar la travesía a las siete de la tarde para llegar a la cima a las seis de la mañana y ver salir el sol, con tan mala suerte que había muchísima niebla y llovía, así que nos quedamos sin amanecer y acampando bajo la lluvia helada.
Habéis hecho todo el trayecto en transporte público. Si volvieseis atrás, ¿lo haríais de otra forma?
Uno de los trenes de la travesía.
Fuente: Diari d’una estona
No, nunca! Es lo mejor que podríamos haber hecho, es la gracia, nada de agencias. Encontrar los lugares y comprar los billetes en tres países donde apenas se habla inglés puede ser muy divertido y estresante a la vez, pero vale la pena. Además, son 15.000km por tierra. Aunque intentábamos coger la mayoría de trayectos por la noche, pudimos ver mucho paisaje y muy diferente del que estamos habituados.
Parte de los alojamientos que habéis escogido han sido con Couchsurfers. ¿Qué ventajas o inconvenientes le ves a este sistema? ¿Qué valoración haces de vuestra experiencia con Couchsurfing?
Fue otra de las grandes decisiones del viaje. El primer día nos echamos atrás, pero desde que lo descubrimos intentamos no dejarlo a no ser que quisiésemos salir de fiesta hasta altas horas de la noche. Fue una gran experiencia. Tuvimos mucha suerte porque todos, sin excepción, fueron muy simpáticos y generosos.
En Rusia, por ejemplo, si no lo hubiésemos hecho hubiésemos pensado que la gente era muy antipática ya que por las calles apenas te ayudan y te miran mal si no hablas ruso. Pero los CS (Couchsurfers) eran muy simpáticos, nos invitaban a dormir y comer, e incluso en una ocasión hicimos una fiesta con una familia al completo que fue genial. Increíble la diferencia de puertas para adentro.
En China también descubrimos que los CS estaban orgullosos de ti. Le explicaban a todo el mundo que tenían invitados de Barcelona. También hay que decir que la mayoría de personas que hacen CS es porque han tenido la suerte de viajar fuera del país, cosa que tampoco es muy normal allí, y por suerte hablaban inglés.
Alojamiento Couchsurfing
Fuente: Diari d’una estona
También son muy hospitalarios. Una chica se ofreció a pagar la cena del primer día y nosotros la invitamos el segundo y el tercero. Cuando vio que íbamos a pagar la del cuarto día casi se puso a llorar pidiendo que la dejásemos pagar, que éramos sus invitados, y tampoco es que tuviese mucho dinero.
En Mongolia dormíamos como nómadas en el desierto, aunque esto estaba incluido en un tour, no era CS. Y en Corea tuvimos la suerte de que el padre de nuestro CS era un ex coronel del ejército retirado como pastor evangélico, lo que nos permitió dormir una semana en el piso superior de una iglesia e ir a la frontera con Corea del Norte sin hacer reserva ni pagar (en principio se tiene que hacer un pago de 40 euros dos semanas antes).
Disfrutando de la gastronomía típica en compañía de Couchsurfers
Fuente: Diari d’una estona
Un gran acierto hacer Couchsurfing y ahora esperamos poder devolver a otros CS todo lo que nos ha aportado este viaje.
Tu y tus compañeros de ruta habéis mantenido una bitácora que ibais actualizando con imágenes y texto. ¿Por qué decidisteis empezar el blog? 
Para poder explicar a los amigos y familiares dónde estábamos y qué estábamos haciendo, pero también como recuerdo personal para nosotros. A parte, escribir nos hacía sintetizar y darnos cuenta más fácilmente de todo lo que estábamos viviendo. ¡Ahora siempre puedo enseñarles a mis amigos mi viaje!
Ruta en bicicletas por Yangshuo

Si te tuvieras que quedar con un momento de la travesía, ¿cuál sería?

Venga, no diré todo. Escojo el día a Yangshuo, en medio de China, haciendo una ruta en bicicleta entre unas montañas redondeadas espectaculares. Y escojo también cada día que pienso en este viaje. Hacedlo, es espectacular!
Yangshuo

El Adrià que se fue en Septiembre es el mismo que volvió en noviembre? ¿en qué te ha cambiado este viaje?

Es el mismo Adrià, con más barba y menos peso. Si el viaje me ha hecho cambiar en algún sentido es que ahora intento hacer más cosas durante mi día a día. Menos facebook, menos fiesta (mmm…la intención es lo que cuenta) y más actividades diversas que antes no hacía: quiero aprender más lenguas, gastronomía (siempre me ha gustado cocinar pero ahora intento preparar cosas que probé durante el viaje), y actividades de fin de semana. Y leer mucho más. El viaje te ofrece mucho tiempo para pensar, tanto que a veces cambio tres veces de opinión. Pero lo importante es que te permite conocerte mejor, pensar en lo que has hecho y lo que te gustaría hacer…o comer!
Está claro que te hace ver la gente y la cultura de otros países de otra forma.
Si tuvieses que dar un consejo a una persona que ahora se fuese a hacer el transiberiano, ¿cuál sería?
Ve sin miedo ni ascos.
Repetirías?
¿Qué hago aquí?
Adrià, Patric, Marcel e Isaac, el antes y el después.
Autor

6 Comentarios

    • La verdad que es un viaje que merece la pena! En esta entrevista nos explican muchos detalles, pero seguro que hay mucho más por ver y descubrir!

    • Estoy segura de que irá genial! Lo mejor es que podremos ir leyendo vuestras aventuras! Buena suerte, me dais una envidia! Pero todo llegará…

    • Verdad que sí? La verdad que cuando iba leyendo las aventuras de estos 4 chicos en su blog me iba enamorando más y más de este viaje! Y cuando Adrià me contó todo a la vuelta, supe que tenía un hueco en mi blog!

      Te sigo yo también, un saludo!

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