Volver siempre me resulta difícil. Un viaje positivo en algún aspecto siempre te arrastra a la fantasía y a la burbuja que lo forman, y volver a la realidad se convierte en algo complicado, que parece incluso imposible.
15 días de desconexión son más que suficiente para sufrir una de esas mini depresiones post-viaje. Los síntomas, en mi caso, son:
– desorden, que refleja mi mal humor y malestar.
– la maleta por deshacer. Cuanto más tiempo parezca que aun estoy de viaje, mejor.
– Todo fuera de sitio.
– Aislamiento social.
– sensibilidad extrema.
– agobio ante las 1.000 tareas por hacer.
Ante esto, hace unos días entendí qué es lo que me hace cambiar de humor. Aunque llegar a hacerlo también me supone un gran gran esfuerzo. Son dos cosas básicas:
– lista de cosas por hacer (y empezar a tachar elementos de la lista cuanto antes mejor).
– Limpiar la habitación.
Limpiar la habitación es un acto de purificación tras un viaje. Deshacerse de cosas que no usas y organizar el espacio dan paso, casi sin querer, a algo parecido a un “nuevo comienzo”. De algún modo, organizar la habitación es como organizar tu vida. Y eso te mantiene motivado, por lo menos, hasta el próximo viaje (y la próxima vuelta).
Fuente: La Maleta de Carla

 

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2 Comentarios

  1. Ordenar la habitación es empezar de nuevo haciendo las cosas bien. Yo la ordenaré mañana y volví de viaje hace una semana ya 🙂

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